¿Qué hacer en tiempo de desolación?

 

En la desolación: mucho valor; en la consolación, humildad

 

Querido Fede:

¿Estás buscando encontrar el origen de tu desolación actual para remediarla? No te hagas mala sangre si te cuesta descubrirlo; pero inténtalo, siempre, con la ayuda de la Gracia. ¡Es muy importante! Puesto que muchas veces en la vida espiritual nos conformamos con el efecto sin ir a la causa, y nos ocurre, entonces, como querer quitar el dolor de cabeza con una aspirina; pero dicho dolor se debe a un mal funcionamiento del hígado, ¿Hasta cuándo vamos a tomarla? Si no vemos lo que pasa en el fondo seguiremos haciéndolo y así continuaremos perjudicando al hígado. Si detectas la causa, también ayudarás a tu acompañante espiritual en su labor.

 

Otras causas

¡Claro que sí!, Federico, además de las que nos da San Ignacio puede haber otras causas de la desolación, como ser: una llamada a reparar los pecados de los demás, ofreciendo tus propios sufrimientos; una participación solidaria a los dolores de Cristo, en los pobres, en el pueblo...

 

Con la ayuda del Director Espiritual

El desolado, preocupado con su desolación, se olvida de buscar el motivo. Con frecuencia es el acompañante espiritual quien le debe ayudar a averiguar su origen.

 

Dios habla también por la desolación

La desolación es también, por lo tanto, un lenguaje de Dios que debes interpretar. En ella te habla, te dice algo, te purifica. La desolación encierra una lección a aprender, y si la aprovechas bien puedes dar pasos de gigante.

 

Interpretar el signo de la desolación

Hablando con propiedad, me atrevo a decir que Dios sólo da consola­ción; pero permite la desolación, entra en su pedagogía,  ya que no todo es malo en ella; por consiguiente, no la deplores y la temas excesivamente diciéndote: «así no juego más»; como tampoco no siempre todo es bueno en la consolación. De esto último te escribiré más adelante, en este mismo e-mail.

 

saber aprovechar la desolación

Si bien la desolación es un estado más delicado, debes aprender a servirte de ella. Se te llama a un cambio de actitud profunda: a pasar, con la ayuda de Dios, de apoyarte en ti mismo con autosuficiencia, a vivir desde ya la pobreza de espíritu, con la única seguridad puesta en el Señor, dejándote salvar, santificar, liberar, sanar por él. La desolación como ves puede ser también gracia, ocasión de crecimiento.

Vivir desde tu propia suficiencia

 

Cuando vas por la vida con autosuficiencia, tu propio yo te aplasta:

* Te atribuyes los dones de Dios.

* Adoras tu propia perfección.

* Caes en el voluntarismo: crees en ti y en la sola eficiencia de tu esfuerzo.

* No alcanzas el ideal y te sientes profundamente insatisfecho.

* Te crees bueno y desprecias a los demás.

* Experimentas el desecamiento interior.

 

Vivir apoyado en Dios

 

En cambio, cuando aprendes a vivir apoyado, confiado en Dios:

* No te atribuyes los dones del Señor.

* Se los agradeces.

* Te sabes incapaz.

* Pides ser llevado y te dejas llevar.

* No desprecias a nadie.

* Vas alegre.

Cómo comportarte en consolación

«¿Cómo tengo que actuar en la consolación?», era otra de tus pregun­tas. Así como el que actúa mal desperdicia la desolación, hay muchos que desperdician la consolación, no obtienen todo el fruto que la consolación po­dría dar. Te transcribo para esto otra regla de discernimiento, la más cortita de todas:

«El que está en consolación, piense cómo se comportará en la deso­lación que después vendrá, y tome fuerzas para entonces.»

 

Pensar en tiempos peores

El peligro de la consolación es ilusionarte pensando que está todo solucionado, y que eso será permanente; por esto, se te invita a pensar, sin salirte de la realidad actual, en tiempos peores, en el tiempo de las vacas flacas, en la desolación que va a venir con certeza, quizás dentro de poco, contra la actual gracia; que no te agarre totalmente por sorpresa la desolación.

Atesorar

También debes prepararte almacenando luz y fuerza para cuando disminuyan, como José en Egipto. Al respecto todo botiquín de primeros auxilios debe tener remedios preventivos. En este contexto sería tomar bien los puntos de referencia de las consolaciones, como si fueran, mojones para poder orientarte en los tiempos de oscuridad. Dicho con otros ejemplos, cuanto más aspires profundamente, más podrás nadar bajo el agua; debes buscar recomponer las tropas antes del próximo asalto del enemigo.

Tentación del consolado:

instalarse en lo gozado

Jesús llevó a los tres apóstoles predilectos, tal vez, los más capaces de comprender su mensaje «a un monte elevado» y se transfiguró (Mc 9, 2-10), los consoló para confortarlos, en el sentido etimológico: hacer fuerte, en el contexto de los anuncios de su pasión. Estos momentos, sin embargo, eran para ir adelante, no para instalarse. La sutil tentación del consolado es la de quedarse, detenerse, fijarse en lo ya gozado. Es el «¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres tiendas».

Vivir en equilibrio la alternancia

La alternancia de consolación y desolación forma parte ordinariamente de la vida interior, se suceden en nosotros como el día y la noche. Es una «ley de vida», y es fecunda. Dios revelado en el sentimiento está más allá de este vaivén, por lo tanto, hay que avanzar siempre. Con un fraternal abrazo... chau

P. Hugo, cpcr.

 

 

                                                              

Práctica para el discernimiento espiritual:

Meditación práctica: Orando con tu vida.

I ° Pide: Conocimiento de los engaños del mal caudillo y ayuda para guardarte de ellos y conocimiento de la vida verdadera que enseña el Sumo y verdadero capitán, y gracia para imitarlo.

2° Sigue haciendo memorial de lo vivido, bajo la mirada amorosa de Dios: ¿cuándo fuiste por la vida con autosuficiencia y cuándo te apoyaste con confianza en Dios?: ¿cómo hiciste acopio de luz y fuerza en la consolación para afrontar la desolación?

3° Toma nota en tu historia clínica sobre el discernimiento y escribe lo quieras decir al Señor.

(Personalmente o comunitariamente puedes / éis tomar esta pauta para ver cómo almacenar las gracias con que Dios bendice a tu familia, a la comunidad parroquial, etc.)